A lo largo de la historia de la sexualidad, los amantes se han abandonado a la sensualidad de las caricias. Ya desde la antigüedad, se ha considerado el tacto, y las sensaciones producidas por la suavidad de las manos, como un hecho básico en el arte de amar.
Con los masajes eróticos conseguimos que el cuerpo despierte a un mundo de sensaciones a menudo adormecidas por los ajetreos y tensiones cotidianas.
El masaje sexual prepara nuestro cuerpo para el placer y la excitación. Relaja los músculos, disipa tensiones, calma los nervios, serena nuestra mente y olvidamos las preocupaciones, abandonándonos a las sensaciones placenteras que recorren nuestro cuerpo palmo a palmo.
Las manos del amante no sólo trasmiten bienestar físico, sino que derraman sobre nuestra piel, ternura, cariño, cuidado y deseo. En medio de este mar de sensaciones podemos aprender a relajarnos y sentir con todo nuestro cuerpo, olvidando por unos minutos el tradicional protagonismo genital de los encuentros sexuales.
El masaje erótico como parte de los preliminares y del juego sexual constituye un mundo de sensaciones de bienestar, ternura, intimidad y deseo.
La técnica del masaje erótico requiere calma y buscar el momento apropiado. Lo ideal es buscar un lugar adecuado, tranquilo y sin interrupciones.
Se puede usar una loción o aceite de rápida absorción para comenzar el masaje, sin embargo, no es conveniente usar cremas que tardan más en ser absorbidas por la piel y que puedan producir un sabor desagradable, por si queremos una vez iniciado el masaje, pasar a estimular el cuerpo con los labios o la lengua.
Con el masaje erótico además de estimular cada rincón de la piel para ir aumentando la excitación sexual, buscamos hacer que nuestra pareja se sienta deseada y sensual.
En nuestro masaje sexual, podemos empezar a acariciar y masajear suavemente las extremidades, las manos, los pies, la cara, la cabeza, para poco a poco ir adentrándonos en la espalda, el cuello, los hombros, las piernas. El siguiente paso será estimular los muslos, las ingles y los pechos. Por último los genitales.
Sin embargo no hay un itinerario establecido sino que podemos variarlo según el momento, sobre todo hay que poner atención a las reacciones de nuestra pareja para saber si está resultando placentero.
Las sensibilidad del cuerpo varía en cada persona sin embargo hay zonas como el cuello y la nuca (parte posterior), los párpados, los hombros, las axilas, la cintura, los glúteos, los pies y ambos lados del tórax, son muy sensibles a la estimulación bucal o manual.
Las zonas erógenas, o más sensibles debido a su abundante inervación son, la boca, el lóbulo inferior de la oreja, las mamas, los órganos genitales externos, el periné y el ano.
Sin embargo en el masaje erótico se puede comenzar acariciando las sienes, la raíz del cabello, o masajeando simplemente el cabello, lo que produce un dulce placer tanto para el hombre como para la mujer. También podemos acariciar la parte anterior de la muñeca, los codos, la curva de la rodilla, etc
El masaje practicado con sensualidad y sensibilidad puede ser una fuente realmente placentera, llena de erotismo y complicidad.