Cuando tu deseo y el mío no se parecen

El deseo sexual no tiene por qué coincidir.

Sólo en las películas la gente tiene una sexualidad maravillosamente espontánea, con un deseo común y una excitación que podríamos clasificar de “mágica y explosiva”. De hecho, ante nuestra atenta mirada se percibe como cualquier estímulo, aunque sea incluso ridículo, se convierte en una fuente de pasión y placer.

En nuestra cotidianidad, esta realidad utópica no se desarrolla de la misma manera. Es bastante más habitual que los deseos sexuales de los miembros de una pareja no coincidan con esa exactitud matemática. Por el contrario, nuestra experiencia demuestra que es bastante más habitual de lo que nos pensamos que los miembros de una misma pareja no se sientan dispuestos, no solo a mantener una relación sexual, sino a que la vivan de la misma manera.

De hecho, tendríamos que empezar por distinguir entre lo que es una pareja en la cual uno de sus miembros manifiesta un deseo sexual bajo o inhibido ante cualquier situación sexual, de lo que es una pareja con dos deseos sexuales adecuados pero desequilibrados entre sí. Por que, aunque las dos situaciones se dan con cierta frecuencia y conllevan situaciones problemáticas, sus características pueden diferir.

En la primera situación se encuentran todas aquellas parejas en las que uno de sus miembros no desea mantener relaciones sexuales, no siente deseo, le da pereza tener sexo, le incomoda y lo evita.

En la otra, se encuentran aquellas parejas que, aún teniendo un deseo sexual adecuado, uno de ellos manifiesta una necesidad por mantener relaciones sexuales mucho más alta que su compañero afectivo. Los dos desean mantener relaciones sexuales, pero discrepan en la cantidad y en la frecuencia. En esta situación, uno vive la sexualidad como una renuncia (porque no puede tener todo el sexo que desea) y el otro como una obligación (ya que tiene que esforzarse por tener más sexo del que desea). Tanto una cosa como la otra, crean desasosiego y frustración a los dos miembros de la pareja.

Tender al equilibrio implica que los dos miembros de la pareja entiendan que cada uno puede tener un ritmo diferente y que el respeto por el otro es fundamental para que la sexualidad surja con fuerza y sin agobios.

Será tremendamente importante que el miembro de la pareja que manifiesta un mayor deseo por practicar sexo, amplíe sus conductas sexuales personales (la automasturbación es una buena práctica en esta situación) y entender que la sexualidad no puede convertirse nunca en una obligación, ya que si presiona demasiado conseguirá de su pareja la negación de la práctica sexual.

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