Las mentiras y errores que rodean al orgasmo femenino

Sólo el 30% de las mujeres puede obtener el orgasmo a través del coito.

Un orgasmo es importante para la mujer y su satisfacción, pero de ahí a que se convierta en el estandarte del desempeño sexual con el que se nos valora a las mujeres y determina nuestra capacidad para gozar o, lo que es peor, lo que demuestra la calidad de nuestras parejas como amantes… hay un trecho. De hecho, es primordial para todos que nos deshagamos de una vez por todas de las mentiras y los errores que envuelven no sólo al orgasmo sino a nuestra sexualidad en general.

Una de las cuestiones que más perjuicios ha causado a la sexualidad femenina y al orgasmo en concreto ha sido el tan manido binomio de “orgasmo vaginal-orgasmo clitoriano”. La verdad es que nuestro órgano sexual es el clítoris y que éste nos puede proporcionar orgasmos a través de diferentes medios de estimulación -incluida la penetración-, aunque de ésta última forma sea un poco más complicado. Se calcula que sólo el 30% de las mujeres pueden obtener el orgasmo a través del coito, y que el 70% restante o no lo obtiene nunca con esta conducta sexual o lo hace con muchas dificultades.

Si esto es así, una de las cuestiones claves que nos debemos plantear es: ¿por qué seguimos creyéndonos raras por no obtener un orgasmo a través de la penetración? Lo más frecuente es que las mujeres tengamos un orgasmo, con cierta facilidad, si la estimulación se produce directamente en el clítoris o en las zonas que lo rodean después de alcanzar un grado de excitación alto. Pero si lo que deseamos es alcanzar el orgasmo durante la práctica coital, no podemos olvidarnos que durante la penetración la estimulación del clitoris debe ser una conducta clave.

Obtener un orgasmo no es tan fácil como se podría suponer, ya que depende de muchos elementos que nada tienen que ver con la estimulación, ya sea propia o de nuestra pareja. El orgasmo varía, como cualquier otro elemento en nuestra vida, dependiendo de nuestro estado de ánimo, del cansancio (físico y psíquico), de la excitación que alcanzamos con una conducta sexual o con otra, y también de la pareja con la que estamos (ya no sólo en nuestro comportamiento sexual sino también en nuestra calidad como pareja). Pero también depende de nuestra valoración sobre el sexo, el placer, el control, la capacidad de relajarnos o de la educación que hemos recibido.

Por ello, tenemos que dejar de creer en cuestiones que han hecho mucho daño a nuestra sexualidad y empezar a entender que es nuestra obligación y nuestro derecho conocerla y respetarla.

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