Pídele lo que tú quieras en la cama

En la cama no solo hay que dar sino, también, recibir. Pero, con frecuencia, lo que se nos da, aun siendo bueno, no es lo que realmente nos apetecería recibir en ese momento. Y entonces es cuando nos toca pedir. Pero no siempre sabemos cómo hacerlo sin herir sensibilidades, ni sentirnos mal.

Conviene saber algo importante: los seres humanos no somos adivinos; y los hombres no son una excepción. Por eso resulta poco productivo esperar que ellos le adivinen a su mujer lo que esperan de ellos.

El cerebro de la mujer parece más capacitado para establecer una imagen especular de los sentimientos del otro; lo que las lleva a “adivinar” (realmente a sentir) con relativa facilidad lo que les pasa a los demás por la cabeza. Pero el de los hombres está estructurado de otra manera. Tiene otras capacidades, pero esa no se encuentra entre ellas. Por eso hay que ponérselo fácil, aunque a muchas mujeres les dé rabia o se sientan avergonzadas por ello. No hay que perder el tiempo en pensar en si eso es correcto o no, o si ellos ya deberían saberlo, etc. Mientras piensas esas cosas, se pasa el tiempo y te encontrarás sin nada.

Los hombres no suelen tener este tipo de problemas. Ellos suelen ser más directos y no entienden de caminos tortuosos cuando hay una nítida línea recta que les dirige a su objetivo. Si quieren algo lo piden.

Pero a las mujeres les cuesta mucho ser tan directas. Y, algunas, al intentar vencer ese obstáculo, fuerzan las cosas hasta el extremo de pasarse; y en vez de ser directas resultan bruscas. Sin términos medios. Pero otras quedan paralizadas intentando resolver, antes, dos interrogantes: ¿cómo pedirlo sin que les dé corte? Y ¿cómo hacerlo de forma sugerente sin tener que decirlo de forma expresa? Son dos problemas de difícil solución.

Si algo intimida (pongamos que pedirle a él que te haga sexo oral), no resultará fácil vencerlo en el preciso momento que se necesita; hay que conseguirlo antes. Por eso suele afirmarse que el diálogo es el motor de una relación abierta y espontánea. Hay que tener hablado, antes, lo que te gusta y lo que no; lo que te gustaría probar y lo que no; lo que aceptarías hacer o que te hicieran y lo que no; las circunstancias que intentarías vencer tus reticencias y las que no. Porque cuando todo eso está hablado, en el momento que se necesita, bastará un gesto para que él entienda. Incluso gestos previamente acordados.

De ahí que sólo podrás sugerir sin decirlo expresamente cuando esos códigos ya estén establecidos. Resulta difícil insinuar que te gustaría comer pan recién hecho sin expresarlo. Podrás eludir mencionar la palabra “pan”, o “comer”, pero tu pensamiento tendrá que disponer de un procedimiento codificado para emitirse. Es la manera que todos tenemos de comunicarnos: mediante códigos previamente acordados.

De modo que habrás de aprovechar esas conversaciones íntimas para vencer tus vergüenzas y para establecer los códigos de comunicación. Ya no se trata de adivinar, de sugerir sin decir; siempre habrá que mostrar algo que el otro sepa interpretar. No se te ocurriría decirle a tu chico: “would import you to make me oral sex?”, si no habla inglés ¿verdad? Estaría mejor indicarle: “¿te importaría hacerme sexo oral?”. Lo mismo podría afirmarse al revés: expresarte tú en castellano si él sólo habla inglés. En el sexo sucede lo mismo: tienes que utilizar códigos reconocibles por los dos, que ambos hayáis acordado previamente.

Por eso, cuando desees algo, quizás deberías utilizar el camino directo que los chicos utilizan y saben interpretar. No es necesario que utilices un lenguaje tan crudo como pueden emplear ellos; puede ser todo lo metafórico que desees, con la condición de que sea inequívoco. De ahí la necesidad de crear códigos identificables antes de entrar en acción. Porque cuando se están manteniendo relaciones sexuales, debemos dejar el cerebro en la mesilla y dejarnos llevar por las sensaciones. No es momento para reflexionar sobre cómo pedir una cosa o para elucubrar sobre el significado de lo que el otro nos ha dicho.

Actuar y sentir. Es lo importante.

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4 comentarios to “Pídele lo que tú quieras en la cama”

  1. el pensador Says:

    el sexo anal es muy bueno cuando la persona le gusta cuando es muy timida y no le gusta uno la pasa mal porque la persona no quiere es muy tradicional

  2. El Mundo De Sexo y Seducción 6 Says:

    Un artículo de lujo, interesante y muy bien redactado…

  3. Los números de 2010 « Asesoras del Amor, el blog Says:

    […] Asesoras del Amor, el blog Nuestro blog dedicado al sexo, sexualidad, juguetes eroticos, videos xxx y mucho más « Pídele lo que tú quieras en la cama […]

  4. ´dcjiskmdf Says:

    me encanta tener sexo en la cama y estos juguetes tambien cuantas veces tengo que mterle el pene a la mujer eh1! solo tengo 15 pero voy bien

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